
Creo que soy unas de las personas que mas ama los deportes, pero el que menos lo practica. Simplemente no tengo el hábito. En realidad soy el típico personaje puertas adentro que no comparte ni vive esas “curiosas” cualidaes porque creo que nunca me ha importado.
Camino, no corro. Uso el ascensor, no las escaleras, y la última vez que mojé la camiseta fue hace año y medio cuando fui a Brasil, en Caraguatatuba.
Hace ya un tiempo las corridas organizadas por conocidas marcas de zapatillas son una moda en Santiago. Pero ojo, una moda que ayuda y entretiene a esos viciosos del deporte, y que posiblemente pueden ayudar a un “retirado” como yo.
Hoy más que nunca puedes encontrar gente haciendo deporte en los parques y calles de la capital. Niños y no tan niños, mujeres y hombres e inclusos abuelitos salen a la calle a correr.
El trekking, las corridas de 10, 20 30 k y el fútbol femenino amenazan con ser una nueva moda fanatizadora. Dentro de sus seguidores podemos encontrar prototipos bien definidos. A los neo verdes que confunden la ecología con salir a aplanar cerros. Otros son los exitosos ejecutivos, empresarios e incluso ministros que salen a correr después de saber haber salvado al país. Y las manadas de niñitas bien que salen a jugar a la pelota con las uñas pintadas. Algunos podrían decir que seguir la moda puede ser señal de falta de identidad o la necesidad de sentirse parte de algo. Algunos más soeces me podrán llamar snob.
Pero la verdad es que esta moda y la preocupación de mantenerse fit, me han impulsado a interesarme en el deporte. De todas formas no he salido del interés. Aün sigo haciendo lo mismo de siempre pero si gracias a los que han culturizado esta moda, me han contagiado con energías. Mi próxima meta será correr uno de los populares 10 K y luego ir a un asado. Lo que antes miraba con ojos cansados, hoy lo veo como una fuente de vitalidad genuina que me permite sentirme mejor.